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La lamprea, el vampiro oceánico.


Si hiciéramos una lista de los animales más extraños que podemos encontrar en el mundo, la Lamprea estaría entre los primeros puestos. Es conocido como el vampiro de las profundidades.

Es un animal prehistórico, que no ha cambiado desde hace 500 millones de años. Cuando la evolución no había inventado la mandíbula tal y como hoy la conocemos. Es un organismo eurihalino, osea que son capaces de vivir en un amplio rango de concentración de sales sin que se vea afectado su metabolismo. Y por eso se encuentran tanto en rios, lagos y mares. De hecho, la Lamprea nace en un río, y vuelve para desovar, tal y como hacen los salmones.


Pero nada tiene que ver con un salmón. La Lamprea es parasitaria, no depredadora, además gracias a su boca succionadora, es capaz de agarrarse a las piedra para ayudarse a subir los torrentes de los ríos. De hecho, son tan diferentes que taxonómicamente hablando no se consideran peces, sino que, siendo tan peculiar, tienen su propio grupo: el grupo parafilético de los ciclóstomos.

Pero vayamos a lo más morboso. La boca de la Lamprea, su boca-ventosa que recuerda a un alien de película, desprovista de mandíbula, tiene la forma de un embudo guarnecido de dientes córneos y lengua rasposa. Se engancha a la piel de su hospedador y una vez enganchado succionan y succionan hasta, se ha dado el caso, de matarla. Es una especie invasora y no tiene depredadores naturales. Por eso, su presencia se está expandiendo y actualmente se intenta detener. Mientras lo consiguen, la Lamprea está causando estragos en otros peces como las truchas y salmones. Ya que algunas Lampreas se han acostumbrado al agua dulce.


Cuando es larva, su forma de alimentarse es diferente, no tiene los dientes que vemos en los adultos, ni ojos. Se alimentan gracias a unos pelos (llamadas bárbulas) que filtran la comida. Cuando son adultos salen al mar, viviendo a profundidades de hasta 500 metros. Llegan a pesos de 1 kg y 1 metro de longitud, entonces vuelven a desovar al río, donde dejan entre 50.000 y 200.000 huevos... Esos son muchos huevos... Luego mueren como hacen los salmones.

Es muy común en el Atlántico norte y el Mar Mediterráneo, donde se concibe este animal como un sabroso bocado y forma parte como ingrediente indispensable en recetas incluidas en  tradiciones culinarias tan antiguas como la romana.

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